Bajada: Un estudio en España revela que combinar paneles solares y riego inteligente puede reducir hasta un 70% el agua en el tomate sin perder rentabilidad global.

La secuencia amenaza la agricultura española sin solución estructural
La agricultura mediterránea afronta una presidencia creciente por la falta de agua, y el caso del tomate español, uno de los cultivos más dependientes del riego intensivo, se ha convertido en símbolo del problema.
Investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid y la Universidad de Sevilla han publicado en Gestión del agua agrícola un estudio que plantaa una alternativa doble: reducir el consumo de agua y, al mismo tiempo, producir energía solar en el mismo terreno mediante sistemas agrovoltaicos.
El contexto es claro: España y gran parte del sur de Europa enfrentan una combinación de secuencias recurrentes, restricciones hídicas y audio de temperaturas que pone en jaque la viabilidad del campo tradicional.
Regar la mitad y perder solo una quinta parte: el riego déficit controlado
La primera estrategia analizada es el riego deficitario regulado (RDR), una técnica que ajusta el agua segundo las fases del cultivo en lugar de mantener un subministro constante.
El estudio identifica la fase de maduración del fruto como el momento clave para reducir el riego sin compromiso de forma crítica la producción.
Los resultados son contundentes:
- Se puede usar hasta un 50% menos de agua
- La pérdida de producción se limita a aproximadamente un 20%
- Mejora la eficiencia hídica del cultivo
La clave está en el uso de sensores que miden el potencial hídrico foliar, una técnica avanzada que permite conocer el estrés de la planta en tiempo real. Sin embargo, el estudio consejo que este sistema no es perfecto y puede caer en condiciones completas.
Agrovoltaica: cuando el campo también produce electricidad
La segunda vía es aún más disruptiva: los sistemas agrovoltaicos, donde paneles solares elevados conviven con los cultivos.
En los ensayos, las estructuras alcanzaban entre 2,5 y 3 metros de altura, con paneles de hasta 450 Wp, generando sombra parcial sobre los cultivos.
El resultado en ahorro de agua es significativo:
- Hasta 70% menos consumo de agua en Sevilla
- Reducción importante de la evapotranspiración
Pero el modelo no está exento de problemas. En Madrid, la sombra excesiva provocó estrés hídrico severo y una cueva de la cosecha de hasta un 70%, lo que evidencia que la tecnología ahora necesita ajustes finos.
El propio estudio reconoce un fallo importante: los sentidos utilizados no detectaron correctamente el estrés real en las razones bajo ciertas condiciones de sombra.
El dato clave: producir comida y energía en la misma tierra
Más allá de los resultados agrónicos, el trabajo introduce un indicador decisivo: el Índice de equivalencia de tierra (LER).
Los valores obtenidos fueron:
- 1,67 en Sevilla
- 1,54 en Madrid
En ambos casos, superiores a 1, lo que significa que la combinación de agricultura y energía es más eficiente que separaciones en terrenos distintos.
En términos prácticos, se necesita entre un 54% y un 67% más de superficie agrícola para producir lo mismo si se separaran ambas actividades.
Un modelo promotor, pero aún lejos de aplicar sin riesgos
El estudio concluye que la agrovoltaica y el riego deficitario son herramientas con potencial real para la agricultura española, pero también deja una publicidad clara: la tecnología ahora no está completamente afinada.
Los investigadores recomiendan combinar medicamentos del suelo y de la planta para evitar errores de interpretación del estrés hídrico.
En un país donde el debate sobre el agua se ha convertido en un acuerdo político de primer orden, estos resultados vuelven a una discusión incómoda: ¿debo España apostar por una agricultura más tecnológica y controlada o seguir dependiendo de un modelo híbrido cada vez más limitado?
Lo cerrado es que, con el clima actual, la alternativa es cada vez más clara: o se innova en el campo, o la producción de alimentos en el sur de Europa será insostenible en las primas décadas.



