
Más permisos, pero el fin de semana sigue faltando taxi
El Ayuntamiento de Logroño dice querer mejorar el servicio de taxi en la ciudad, un asunto que se nota especialmente cuando llega el fin de semana y el usuario se queda esperando. El consistorio tiene concedidas unas 100 licencias y, en esta legislatura, sacó a concurso 15 nuevos permisos para vehículos de 9 plazas adaptados a personas con movilidad reducida, con un precio base de 25 000 euros. El resultado, sin embargo, retrata el problema: solo se cubrieron 6 y el Ayuntamiento prevé volver a ofertar en breve las licencias que han quedado vacantes.
Desde el sector del taxi aseguran que hay voluntad de mejorar el servicio mediante la incorporación de personal asalariado, con el objetivo de incrementar la flota en un 20%. La clave, sostienen, es poder ampliar la disponibilidad sin que todo dependa del autónomo y de los picos de demanda.
Lo que nadie quiere decir: el modelo actual no está funcionando
La foto que deja este proceso es incómoda para el Ayuntamiento: se anuncian licencias, pero 9 quedan desiertas pese a un precio base alto. Si faltan taxis, la pregunta política es evidente: ¿el diseño de las licencias y los costes están alejando a los profesionales? ¿Se está priorizando el titular sobre la eficacia real del servicio?
En paralelo, el consistorio trabaja en modificar la actual ordenanza del taxi, que data de 1952. Entre los cambios sobre la mesa figura una posible aplicación móvil para pedir taxi sin necesidad de llamar por teléfono. La modernización tecnológica puede ayudar, pero no sustituye el fondo del debate: sin suficientes conductores y sin un marco actualizado, la demanda seguirá chocando con una oferta rígida.
Modernizar sí, pero con resultados medibles
La falta de servicio en franjas críticas y la existencia de licencias vacantes dejan claro que el problema no se arregla solo con anuncios. Si el Ayuntamiento realmente quiere mejorar el taxi en Logroño, tendrá que demostrarlo con medidas que se noten en la calle: más disponibilidad, mejores tiempos de espera y reglas acordes al siglo XXI, no a 1952.



