
Tarantino vive en Tel Aviv: «Moriré como un sionista»
El director se reafirma en Israel y desafía el clima ideológico de Hollywood
Quentin Tarantino, el director de Pulp Fiction y Jackie Brown, lleva viviendo en Tel Aviv desde su boda en 2018 con Daniella Pick. En plena conversación pública sobre su futuro profesional -tras asegurar que solo le queda por rodar un décimo y último largometraje y después de cancelar The Movie Critic– su vida en Israel vuelve a colocarlo en el centro de la polémica internacional.
El motivo: una frase atribuida al cineasta y relatada por su mujer en una entrevista en el Canal 12. Según Pick, Tarantino, ante la posibilidad de un ataque, habría zanjado el asunto con un comentario tan cinematográfico como provocador: «Si pasa algo, moriré como un sionista«. Pick añadió que él «no tiene miedo» y que, de hecho, muchas veces «ni siquiera bajaría al refugio» si ella no se lo pidiera, algo relevante porque la pareja tiene dos hijos.
Ni guerra ni presión mediática: no piensa volver a EE UU
La entrevista también sirve para desmontar los rumores cíclicos sobre un regreso del director a Estados Unidos. Pick fue tajante cuando le preguntaron si, en momentos de guerra, se plantean volver a Hollywood: «Absolutamente no«. La pareja vive en el norte de Tel Aviv y, al menos en lo geográfico, la decisión parece firme.
En un momento en el que el discurso dominante en parte de la industria cultural occidental tiende a penalizar cualquier posicionamiento que se salga de la ortodoxia del momento, Tarantino no se esconde: su adhesión al sionismo se exhibe sin complejos. Eso, por sí solo, explica por qué su vida personal en Israel levanta más titulares que la de otros cineastas: no encaja con el guion moral que Hollywood pretende imponer como dogma global.
Proyectos: ‘Kill Bill’ completo y la secuela de ‘Érase una vez en Hollywood’
Mientras su residencia en Israel alimenta el debate, su obra sigue generando expectación. En unas semanas se estrenará el «montaje íntegro» de las dos entregas de Kill Bill en una sola película. Y, además, Netflix prepara la secuela de Érase una vez en Hollywood (2019), titulada de momento The Adventures of Cliff Booth, con Brad Pitt retomando su papel. El guion es de Tarantino, pero la dirección recae en David Fincher tras la renuncia del propio Tarantino.
La película está en posproducción y se plantea como una posible escisión del guion de la cancelada The Movie Critic, «en parte o no».
Una vida normal en Tel Aviv y una declaración política que escuece
En el reportaje emitido en diciembre, Tarantino aparece diciendo que está aprendiendo hebreo y que le gusta Israel: «Si no me gustara, no estaría aquí». Entre sus rutinas, enumeró planes cotidianos: jugar con sus hijos, pasear por el vecindario, ir en bicicleta, quedar con amigos, «beber y fumar puros» o cenar con ellos.
Pero lo que ha quedado como titular no es su vida doméstica, sino la carga política de su frase. En un contexto en el que el debate internacional sobre Israel está cargado de propaganda, dobles varas y presión cultural, la postura de Tarantino funciona como una bofetada a la corrección política: un creador icónico del cine contemporáneo que elige vivir en Israel y que, además, lo dice sin pedir perdón.
El resultado era previsible: la noticia ha vuelto a enervar a parte del público y a irritar a un sector de la comunidad de Hollywood. No por una película, sino por una identidad política que muchos consideran inaceptable cuando no la controlan ellos.



