Desde Chile, el presidente español lanza un ataque ideológico contra la “ultraderecha”, mientras se rodea de populistas como Petro, Boric y Lula. España organizará en 2026 una cumbre para “combatir la desinformación”.
Sánchez, portavoz de la “internacional progresista”
Pedro Sánchez ha cruzado todas las líneas. En un gesto sin precedentes, el presidente del Gobierno español ha hecho un llamamiento público y explícito a los gobiernos de izquierda de América Latina y Europa para “pasar a la ofensiva” contra la derecha, a la que calificó de “reaccionaria, oligarca y mentirosa”.
El discurso se produjo en Santiago de Chile, durante la cumbre “Democracia siempre”, organizada junto a los presidentes Gabriel Boric (Chile), Lula da Silva (Brasil), Gustavo Petro (Colombia) y Yamandú Orsi (Uruguay). Todos ellos conocidos por su agenda ideológica de izquierdas, autoritaria o intervencionista.
Sánchez arremetió contra lo que denominó “la internacional del odio y la mentira”, en alusión directa a los movimientos de derecha y centroderecha en Europa y América, y pidió a sus aliados actuar coordinadamente para frenar su avance. Un paso más en su deriva ideológica: convertirse en el portavoz de una nueva alianza global socialista que considera enemigos a millones de votantes europeos y españoles.
Un Gobierno obsesionado con censurar y controlar
El presidente socialista no se conformó con los ataques verbales. Anunció además que España acogerá en 2026 la próxima cumbre progresista, cuyo objetivo declarado será establecer una “gobernanza digital democrática”, una forma edulcorada de referirse a la censura ideológica en redes y medios.
Sánchez pretende, bajo la excusa de “combatir la desinformación”, controlar los algoritmos, el contenido y la opinión pública, restringiendo toda narrativa que no se ajuste al pensamiento progresista. Una estrategia calcada a la empleada por regímenes populistas como los de Petro o Maduro.
Una foto que lo dice todo
La imagen de Sánchez posando junto a Petro, Lula y Boric —líderes envueltos en polémicas por represión, corrupción o fracaso económico— es un síntoma del lugar ideológico al que ha llevado a España. Mientras en Europa crece el hartazgo con las imposiciones de Bruselas, la inmigración descontrolada y la inseguridad, Sánchez se abraza al eje latinoamericano más radical y se desentiende del consenso occidental.
Según sus propias palabras, la derecha “tradicional” ha “desertado” de los consensos y ha “sucumbido al marco de la ultraderecha”. En otras palabras: quien no comulgue con su visión ideológica es considerado extremista, lo que refleja un alarmante desprecio por el pluralismo y el debate democrático.
El verdadero peligro: la arrogancia progresista
Mientras Sánchez habla de «defender la democracia», en realidad lo que propone es una cruzada ideológica internacional para silenciar a quienes piensan distinto, demonizar a la oposición y mantenerse en el poder a través del miedo y el control. Todo ello rodeado de regímenes fracasados que han empobrecido y polarizado a sus naciones.
Es cada vez más evidente que Sánchez no representa al interés general de los españoles, sino a una élite globalista de izquierda que desprecia la soberanía, la identidad nacional y el derecho a disentir. Lo que está en juego ya no es una legislatura, sino el modelo de sociedad y libertad que queremos preservar.



