Nuevo positivo fuera del perímetro inicial y más restricciones

El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación ha confirmado 21 nuevos positivos de peste porcina africana (PPA) en jabalíes en Cataluña. Con estos casos, el balance asciende a 216 positivos y 37 focos declarados desde noviembre.
Uno de los positivos se ha detectado por primera vez en Sant Just Desvern (Barcelona), lo que obliga a ampliar el perímetro de vigilancia. Tanto Sant Just Desvern como Esplugues de Llobregat pasan a la zona de alto riesgo, con restricciones de acceso al medio natural.
Tercer caso fuera de la zona de vigilancia
El caso de Sant Just Desvern es el tercero fuera del área inicial de alto riesgo, definida como un radio de seis kilómetros desde los primeros positivos detectados el 28 de noviembre en Cerdanyola del Vallès.
Los primeros positivos fuera de esa zona inicial se registraron en Molins de Rei y Sant Feliu de Llobregat. En total, ya son 17 municipios dentro de la zona de alto riesgo.
Hasta ahora se han analizado 1 708 animales con resultado negativo, y se mantiene la vigilancia en granjas y establecimientos de porcino.
Qué se prohíbe en la zona de alto riesgo
Las restricciones incluyen la prohibición de acceso a zonas boscosas, cauces de ríos y rieras, prados, campos de cultivo, parques y caminos fuera del casco urbano. También se han suspendido la caza y los trabajos forestales no vinculados a las medidas de control.
Además, se prohíbe alimentar a jabalíes o cualquier acción que facilite su concentración o dispersión. Está prohibido mover vallas u otros elementos de control. Si se encuentra un jabalí muerto o moribundo, hay que llamar al 112 o avisar a los Agentes Rurales y no tocarlo.
Análisis crítico: gestión, transparencia y coste social
La expansión de los positivos fuera del perímetro inicial vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: si el control era eficaz, ¿por qué se encadenan detecciones en nuevos municipios y se amplía la zona restringida? La respuesta oficial se apoya en la vigilancia y en limitar movimientos, pero el impacto real lo asumen vecinos, trabajadores y sectores vinculados al campo, que ven cómo se cierran espacios naturales y se paralizan actividades como la caza y trabajos forestales.
En paralelo, la gestión política en Cataluña —entre administraciones, competencias y mensajes públicos— suele traducirse en más burocracia y menos claridad para el ciudadano. En una crisis sanitaria animal, la credibilidad depende de datos, rapidez y coordinación. Y cuando el perímetro se expande, la desconfianza también.



