Expertos alertan de que la apuesta acelerada por renovables sin respaldo estable deja a la red en una situación crítica.

El sistema eléctrico español volvió a registrar un apagón parcial el pasado 28 de enero, un incidente que pasó relativamente desapercibido para la ciudadanía al no afectar a los hogares, pero que provocó dos horas de interrupciones en la gran industria. El corte se produce después del apagón general que sacudió al país y en un contexto especialmente tenso para el suministro energético por la amenaza del Gobierno estadounidense de restringir el envío de gas natural a España, en plena crisis diplomática entre Pedro Sánchez y Donald Trump.
Estados Unidos aporta actualmente el 44% del gas que consume España, una dependencia que ha encendido todas las alarmas tras las advertencias de Washington de reducir flujos si continúa el choque político en plena guerra en Irán.
Un sistema eléctrico debilitado por la “obsesión verde”
Según el análisis técnico elaborado por el ingeniero Juan Franco, al que ha tenido acceso este diario, el sistema eléctrico español no está adaptado a la nueva realidad energética, es vulnerable y arrastra problemas derivados tanto de la regulación europea como de su sobrerregulación en España bajo el Gobierno de Pedro Sánchez.
Franco apunta directamente al enfoque político que ha impulsado el cierre progresivo de la energía nuclear y el desplazamiento acelerado de tecnologías gestionables:
“La sustitución de generación síncrona —nuclear, carbón, ciclos combinados— por renovables no gestionables ha erosionado dos pilares del suministro: la inercia del sistema y la capacidad de gestionar la demanda”.
La conclusión es clara: la red española ha perdido estabilidad física, dependiendo cada vez más de fuentes intermitentes como la eólica y la fotovoltaica.
Las soluciones que España no está implementando a tiempo
El informe destaca que tecnologías como los volantes de inercia, los compensadores síncronos y las centrales de bombeo hidráulico reversible no son “complementos”, sino activos imprescindibles para sostener un sistema basado en renovables.
Franco señala varias conclusiones estratégicas:
1. Urgencia en la construcción de centrales de bombeo
El PNIEC exige 22,5 GW de almacenamiento, pero los proyectos avanzan con gran lentitud administrativa.
Casos como el de Salto de Chira demuestran su viabilidad incluso en entornos hídricos complejos.
2. Necesidad de aumentar la inercia del sistema
El sistema peninsular se acerca a niveles de baja inercia peligrosos.
REE debería extender el uso de condensadores síncronos con volantes de inercia en nudos críticos.
3. Hibridación tecnológica
El futuro pasa por instalaciones que combinen:
- bombeo hidráulico,
- baterías avanzadas,
- inversores grid-forming.
La regulación española aún dificulta integrar varias tecnologías en un mismo punto de conexión.
4. Señales de mercado claras
Para atraer inversión privada se requieren mercados de capacidad y servicios de ajuste con remuneraciones predecibles, no sujetas a la volatilidad del mercado spot.
Un modelo con riesgos técnicos y económicos
El estudio subraya que sin estas tecnologías:
“La transición hacia un sistema 100% renovable es técnicamente inviable y económicamente ineficiente”.
A ello se suma la incertidumbre sobre el futuro de la nuclear, que el Gobierno ha comprometido al cierre y que podría aportar la inercia necesaria para estabilizar el sistema.
Preocupación industrial y temor por el suministro de gas
El apagón del 28 de enero ha generado preocupación creciente en la industria, que ya sufrió pérdidas en anteriores cortes.
Las grandes compañías del sector energético, como Endesa, han señalado que se trata de un problema sistémico ligado a la penetración masiva de renovables sin respaldo.
La tensión diplomática con EE.UU. solo agrava el escenario: sin gas suficiente para los ciclos combinados, la capacidad de reacción ante caídas de producción renovable podría verse seriamente comprometida.



