Medallas y alianzas se encarecen y empujan al 9 quilates y la segunda mano

El precio del oro atraviesa uno de sus picos más altos en décadas y ya se nota en la España real: la de bodas, bautizos y comuniones, donde el metal sigue siendo el símbolo social ‘obligatorio’ en medallas, pulseras y alianzas. El resultado es directo: menos compra impulsiva, más cálculo y más familias buscando alternativas para no reventar el presupuesto.
Hoy, la medalla de oro típica de comunión no baja de 300 euros y puede superar 500 si es de 18 quilates. Las alianzas suelen arrancar en 600 euros y pasan de 1 000 según el diseño. No es un ‘capricho’ del joyero: es el efecto dominó de un mercado que ha convertido el oro en termómetro de la ansiedad económica y geopolítica.
Qué está pasando con el oro (y por qué importa en tu bolsillo)
El metal se ha revalorizado cerca de un 50% y arrastra subidas históricas desde 2025, cuando llegó a dispararse hasta un 70%. En enero marcó máximos al superar los 5 500 dólares por onza. En marzo mostró alta volatilidad y retrocedió tras esos máximos. En abril recuperó estabilidad y volvió a colocarse por encima de los 4 800 dólares por onza, lo que equivale a unos 130 euros por gramo de 24 quilates.
Para entender la escala: el oro se cotiza en onza troy (oz t), unidad estándar internacional para metales preciosos, equivalente a 31,1035 gramos (más que la onza común de 28,35 gramos).
Menos pureza, menos peso: la industria ajusta y el cliente lo nota
Las joyerías ya se están moviendo. Una vía para abaratar es reducir la pureza. En España lo habitual es el oro de 18 quilates, pero algunos fabricantes están fabricando en oro de 9 quilates, según explicó a RTVE Alfonso Díaz Antelo, propietario de Xoiería Díaz Antelo y Oro Macizo. Él mismo reconoce que es algo habitual en países como Alemania, Estados Unidos o Inglaterra desde hace años, y que aquí podría estar regresando.
El cambio de hábitos también es evidente: el comprador se decanta por piezas más ligeras frente a las más macizas de antes. No es ‘tendencia’: es una manera de no abandonar la tradición cuando el precio se dispara.
Reutilizar en vez de comprar: vuelve el joyero familiar
En plena temporada de celebraciones, se impone otra idea: reutilizar. Medallas, cadenas, esclavas antiguas o incluso pendientes desparejados vuelven a circular para evitar el golpe de comprar nuevo.
Un ejemplo: Brenda Sanfiz decidió reaprovechar una joya familiar para la comunión de su sobrino. En vez de gastar una cantidad elevada para un uso puntual, optó por reutilizar la esclava de su propia comunión y llevarla a ajustar fecha y nombre.
La industria, añade Díaz Antelo, busca alternativas para quien quiere ‘cumplir’ sin gastar de más: diamante de laboratorio (más barato que el natural) o plata bañada en oro. Y cuando no llega, aparece el clásico salvavidas: regalos grupales.
La segunda mano se dispara: cuando el precio aprieta, el mercado ‘se busca la vida’
El encarecimiento también empuja al mercado de segunda mano en plataformas como Wallapop, Vinted o Milanuncios. Según datos de Milanuncios, las publicaciones de artículos de oro (alianzas, anillos, cadenas y medallas) subieron un 80% en diciembre de 2025 frente a la media anual. Y enero de 2026, coincidiendo con el pico del metal, fue el mes con más búsquedas de esas joyas.
La lectura es incómoda para el relato oficial: cuando el coste de vida y la incertidumbre aprietan, la gente no ‘consume menos’; se adapta, recorta en pureza, peso o canal de compra. Y el comercio de segunda mano se convierte en termómetro de esa presión silenciosa.
Valor refugio… y refugio inestable por la tensión internacional
El oro sube por la incertidumbre económica global, la inflación y la demanda de inversores que lo siguen viendo como valor refugio. Pero ese ‘refugio’ también se ha vuelto más errático. Díaz Antelo explica que el problema ahora es la incertidumbre generada por la guerra entre Irán y Estados Unidos, que crea desconfianza y provoca altibajos en las ventas. Además, obliga a corregir precios continuamente y ‘el cliente a veces no lo entiende’.
El dato final retrata el cambio de era: cuando él tomó la tienda familiar en 2008, el kilo de oro estaba a 18 000 euros; hoy, dice, está en 131 000. Con estas cifras, la pregunta ya no es si el oro seguirá en las celebraciones, sino cuánto ‘oro’ queda en la tradición cuando el precio convierte el símbolo en lujo.



