Marruecos apuesta por Iniesta y Xavi tras fracaso en Copa África
Revolución en la selección marroquí con raíces españolas
Marruecos vive un cambio radical en su fútbol tras la reciente derrota en la Copa de África y en vísperas del Mundial 2026. La Federación Real Marroquí de Fútbol (FRMF) ha nombrado a Mohamed Ouahbi, exentrenador de la Sub-20 campeona mundial, como nuevo seleccionador absoluto, un movimiento que busca rejuvenecer al equipo.
Sin embargo, la transformación más controvertida se da en los despachos. La FRMF negocia desde hace meses la incorporación del español Andrés Iniesta como director deportivo. Pese a su reciente presencia en la final de Rabat invitado por el rey Mohammed VI, la falta de un acuerdo definitivo retrasa la confirmación, un signo de la cautela política y deportiva que envuelve esta operación.

Un futuro bajo influencia española
La probable llegada de Iniesta no es casual. Marruecos quiere afianzar su posición para el ciclo 2026-2030, donde coorganizará el Mundial junto a España y Portugal, y enfrentará retos como las Copas de África de 2027 y 2028 y la nueva Nations League de la CAF. En este contexto, el nombre de Xavi Hernández resuena como posible entrenador. Aunque descartó asumir el cargo a corto plazo para evitar un proyecto improvisado, su implicación tras el Mundial fortalecería la influencia española en un fútbol marroquí que busca desmarcarse de su historia reciente.
Implicaciones geopolíticas y deportivas
Esta estrategia no está exenta de controversia. Que Marruecos, un país con tensiones históricas y políticas con España, apueste por dos leyendas futbolísticas españolas para dirigir su futuro deportivo despierta preguntas sobre la soberanía deportiva y cultural. Además, esta alianza refuerza la coorganización del Mundial en un contexto donde la geopolítica regional y la identidad nacional están en juego.
El movimiento refleja además la incapacidad del fútbol marroquí para consolidar una estructura autóctona competitiva, recurriendo a figuras externas que, si bien aportan prestigio, pueden diluir la identidad y coherencia interna. La prudencia española debe primar, porque la colaboración deportiva puede convertirse en una herramienta política más en la compleja relación entre ambos países.



