miércoles, febrero 11, 2026
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El joven que trabaja pero no puede vivir: la gran estafa generacional en España

Nunca hubo tantos jóvenes empleados y, sin embargo, nunca fue tan difícil emanciparse, ahorrar o formar una familia. En la España actual, trabajar ya no garantiza una vida digna: garantiza, como mucho, sobrevivir.

El joven que trabaja pero no puede vivir: la gran estafa generacional en España

Empleo sí, futuro no

España presume de cifras de empleo juvenil mientras una generación entera vive atrapada. Los jóvenes trabajan, encadenan contratos y cumplen con el sistema, pero no avanzan. La promesa implícita —estudia, trabaja y progresa— ha sido rota.

En España, tener empleo ya no es sinónimo de estabilidad. Es, en muchos casos, sinónimo de dependencia eterna, frustración y precariedad normalizada.

Salarios insuficientes: trabajar no basta

Los salarios juveniles no acompañan al coste real de la vida. Aunque se anuncian subidas, estas quedan pulverizadas por la inflación acumulada, los impuestos y los costes fijos.

El resultado es una verdad incómoda: se trabaja para pagar, no para construir un proyecto vital. Ahorro, ocio, familia o emprendimiento quedan fuera del alcance de la mayoría.

Vivienda inaccesible: el muro que lo bloquea todo

El principal obstáculo es la vivienda. Comprar es una quimera sin ayuda familiar. Alquilar supone entregar más del 40 % del sueldo en muchas ciudades, convirtiendo el alquiler en un impuesto privado obligatorio.

La combinación de poca oferta, precios disparados e inseguridad jurídica ha expulsado a los jóvenes del mercado. La vivienda ya no es un paso hacia la independencia: es una trampa que inmoviliza.

Impuestos altos y salarios bajos: la ecuación imposible

A esta realidad se suma una presión fiscal que castiga al que empieza. Cotizaciones, IRPF, impuestos indirectos y alquileres asfixian rentas que ya son ajustadas.

El joven paga como adulto consolidado, pero cobra como principiante eterno. El sistema exige, pero no devuelve. Y eso tiene consecuencias sociales profundas.

Precariedad estructural: no es una fase, es el modelo

Lo que antes era una etapa transitoria se ha convertido en estructura permanente. Emancipación tardía, natalidad desplomada, dependencia familiar y movilidad social bloqueada.

El mercado laboral ofrece empleo, sí, pero empleo sin horizonte. Y un país donde trabajar no permite vivir es un país condenado al estancamiento.

El relato político frente a la realidad

Desde el Gobierno de España se insiste en el éxito del modelo: más empleo, más derechos, más gasto social. Pero la experiencia diaria de los jóvenes cuenta otra historia: más empleo, menos vida.

El problema no es la falta de trabajo, sino la pérdida de valor del trabajo.

Consecuencias que ya están aquí

Este modelo deja una factura clara:

  • Caída histórica de la natalidad
  • Fuga de jóvenes cualificados
  • Dependencia familiar prolongada
  • Desafección política y social
  • Desconfianza en el sistema

Cuando una generación siente que jugar según las reglas no sirve, el contrato social se resquebraja.

Trabajar debería bastar

El “joven que trabaja pero no puede vivir” no es una excepción: es el símbolo de un fracaso colectivo. Sin salarios reales, sin vivienda accesible y sin incentivos al esfuerzo, no hay futuro posible.

España no tiene un problema de juventud.
Tiene un problema de modelo económico y político que ha decidido exprimir a quien empieza para sostener lo que no se reforma.

¿Qué le queda a un país que le pide todo a sus jóvenes y no les ofrece ni siquiera la posibilidad de vivir por su cuenta?

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