El diseñador francés vuelve a romper el discurso oficial del sector apostando por la familia, la raíz y la identidad frente a la corrección política y el marketing artificial.

La maniobra que incomoda a la élite de la moda
El diseñador Simon Porte Jacquemus, fundador de la firma Jacquemus, ha tomado una decisión que ha sacudido los cimientos del marketing de lujo: nombrar embajadora de su marca a su propia abuela. No es una campaña más. Es un mensaje político, cultural y estratégico en un sector dominado por la artificialidad, la ideología y los estereotipos impuestos.
Mientras las grandes casas apuestan por activismo de escaparate, diversidad forzada y narrativas prefabricadas, Jacquemus elige la familia, la memoria y la autenticidad real como bandera. Una decisión que ha generado elogios… y también incomodidad en los círculos más dogmáticos de la industria.
Autenticidad frente a propaganda
Lejos de influencers prefabricados o celebridades globalistas, la campaña pone en primer plano a una mujer mayor, anónima, real, ligada directamente a la historia personal del diseñador. El mensaje es claro: no todo debe pasar por el filtro ideológico ni por la agenda cultural dominante.
Esta estrategia conecta con una tendencia creciente entre los consumidores: el rechazo al marketing impostado y la búsqueda de marcas con identidad, raíces y coherencia. Jacquemus no vende solo ropa; vende pertenencia, tradición y verdad.
El hartazgo del consumidor ante la moda ideologizada
En los últimos años, la industria del lujo ha caído en una sobrerrepresentación discursiva que ha alejado a buena parte del público. Campañas moralizantes, mensajes políticos encubiertos y una desconexión evidente con la vida real.
Frente a eso, Jacquemus lanza una provocación silenciosa:
la familia como valor,
la vejez como dignidad,
la historia personal como marca.
Nada más subversivo hoy que lo normal.
Una lección para el marketing global
El movimiento no es ingenuo. Desde el punto de vista comercial, la marca refuerza su diferenciación, humaniza su narrativa y construye lealtad emocional. Desde el plano cultural, cuestiona el relato único impuesto desde las élites creativas de París, Milán o Nueva York.
Mientras otros siguen el guion, Jacquemus escribe el suyo propio.
¿Moda con raíces o moda sometida?
La pregunta queda abierta:
¿Estamos ante el inicio de un regreso a la identidad real en la moda o será solo una excepción tolerada por el sistema?
Lo que está claro es que Jacquemus ha demostrado que la autenticidad vende… y que incomoda.



