Israel y la UE: grieta interna frena castigo comercial
España presiona, Alemania e Italia bloquean: Europa vuelve a dividirse
España, Irlanda y Eslovenia llevaron esta semana al Consejo de Exteriores de la UE una propuesta que hace pocos años era políticamente tóxica en Bruselas: revisar, suspender o incluso cancelar el Acuerdo de Asociación UE-Israel, la base jurídica de la relación entre la Unión e Israel.
El ministro español José Manuel Albares defendió en Luxemburgo que la UE está comprometiendo su credibilidad: sostiene que, desde que Israel mantiene una ‘guerra permanente’ contra sus vecinos, no ha habido una respuesta europea a la altura y pide ‘un mensaje fuerte’ para no actuar como si nada ocurriera.
La iniciativa, sin embargo, chocó con el muro de siempre: Alemania e Italia se opusieron y el plan no prosperó. La suspensión total exige unanimidad de los 27; una suspensión parcial requeriría mayoría cualificada. Tampoco avanzó la propuesta de Francia, Suecia y otros cinco países para restringir el comercio de productos procedentes de asentamientos en Cisjordania, considerados ilegales por el Derecho Internacional.
En la misma carpeta siguen atascadas posibles sanciones a colonos israelíes violentos y a dos ministros del Gobierno de Benjamín Netanyahu: Bezalel Smotrich e Itamar Ben-Gvir. Para todo ello, de nuevo, se exige unanimidad.
Qué está en juego con el Acuerdo de Asociación
Firmado en 1995 y en vigor desde 2000, el acuerdo regula el acceso preferencial de Israel al mercado europeo, la cooperación científica y tecnológica y el marco de diálogo político. Su punto más sensible es el Artículo 2, que vincula la relación al respeto de los derechos humanos. Invocarlo, como han hecho España y otros dos países, supone el mayor deterioro formal en décadas y da munición jurídica y política a quienes quieren tocar el pacto.
El trasfondo es evidente: Europa parece hoy más dispuesta a presionar, pero vuelve a exhibir su división sobre cómo hacerlo con el Ejecutivo de Netanyahu, al que Pedro Sánchez acusó recientemente de ‘vulnerar el derecho internacional’.
El doble rasero y la coartada de Bruselas
La alta representante Kaja Kallas admitió desacuerdo y optó por el pragmatismo: planteó que incluso suspendiendo el acuerdo no se frenaría necesariamente la expansión en Cisjordania y pidió centrarse en ámbitos donde sí hay consenso. También respondió a las críticas por el ‘doble rasero’ alegando que la UE supera en acción a muchos de quienes la señalan, especialmente en ayuda a Gaza y a los palestinos.
Kallas añadió un elemento incómodo: con Estados Unidos reduciendo su implicación bajo la segunda presidencia de Donald Trump, aumenta la presión sobre la UE, pero Bruselas se escuda en que ‘no puede hacerlo todo’ mientras en Ucrania se siente ‘casi sola’. La lectura política es que la UE exige unidad a los Estados cuando conviene, pero acepta la parálisis cuando los intereses chocan.
Por qué la UE no actúa unida: elecciones, energía e intereses
El profesor Frédéric Mertens apunta dos motores: vínculos económicos con Israel y el peso del electorado en una UE con mayoría de gobiernos a la derecha, donde parte de los votantes muestra empatía con Israel o con su actual Gobierno. También subraya el cálculo interno en países como Francia, donde el contexto de Oriente Medio puede influir en próximas elecciones por el peso demográfico de las comunidades musulmanas y su simpatía por Gaza.
La historiadora israelí Miriam Rosman coincide en la dimensión electoral y añade el desgaste diplomático de Emmanuel Macron tras quedar fuera de iniciativas de mediación entre Israel y Líbano. Macron, aun defendiendo la seguridad de Israel, endureció su discurso y afirmó que si Israel mantiene políticas que contradicen su propia historia, Europa no puede actuar como si nada.
En Italia, Giorgia Meloni suspendió la renovación automática del acuerdo de defensa con Israel, un gesto más simbólico que estructural. Rosman lo vincula, entre otros factores, a la presencia de tropas italianas en Líbano y a incidentes como disparos israelíes contra un convoy de la FINUL. Aun así, Roma ha sido junto a Berlín de los principales frenos a castigar el acuerdo comercial.
El ministro italiano Antonio Tajani rechazó bloquear un acuerdo comercial porque, dijo, equivaldría a atacar a toda la población israelí. El alemán Johann Wadephul calificó la idea de inapropiada. Según Mertens, el mensaje es crudo: los factores humanos quedan por detrás de intereses geopolíticos y económicos, incluida la dependencia energética y el temor europeo a ‘consecuencias en la zona’ si se rompe totalmente con Israel.

Alemania y la ‘razón de Estado’ que paraliza a Europa
Los expertos ven improbable una suspensión total. Una revisión parcial podría enviar señal política sin ruptura completa. Pero incluso ese escenario implica un salto cualitativo para Alemania, donde la seguridad de Israel es ‘razón de Estado’ (Staatsräson). Ese principio, convertido en línea roja, actúa como dique contra medidas europeas con impacto real.
Israel observa el giro europeo con desconcierto
Desde Israel, el cambio europeo se vive con conmoción e incomprensión. Rosman sostiene que Israel ha perdido la ‘batalla de la comunicación’ y que la brecha no es solo diplomática, sino de percepción y legitimidad. Mientras en Europa se cree que se puede aumentar la presión sin romper la relación, en Israel se extiende la idea de que el deterioro es asumible por la centralidad de EE. UU. y la diversificación de alianzas.
El clima en Europa también se mueve desde abajo: una iniciativa ciudadana para suspender el acuerdo superó el millón de firmas necesario. Aunque no haya decisiones formales inmediatas, el terreno político ya ha cambiado, y la división europea vuelve a ser el titular de fondo.



