Israel entra por tierra en Líbano y dispara el éxodo civil
Evacuaciones masivas, carreteras colapsadas y un Estado libanés ausente
La llamada Operación Furia Épica ha cruzado ya el umbral más delicado en Líbano: Israel no solo bombardea, sino que ha iniciado una incursión terrestre en el sur del país, mientras miles de civiles huyen en caravana hacia Beirut y el norte. En pocas horas, ACNUR cifra en 30 000 los desplazados, con autopistas convertidas en un embudo y familias durmiendo en coches o refugiadas en escuelas y centros religiosos.
Jamal Cheaib, de 54 años, relata que abandonó Sidón tras una noche de explosiones: cargó ‘cosas básicas, algo de comida y los papeles’ y condujo durante casi 12 horas para alcanzar las montañas de Aley. Su denuncia cuestiona el relato oficial israelí de ‘objetivos de precisión’ y describe ataques en zonas residenciales. ‘Solo soy un padre de dos niños’, insiste, y advierte de que pronto ‘no habrá ningún lugar seguro en el Líbano’.
Qué está pasando: datos y hechos sobre el terreno
Israel ordenó la evacuación de 83 localidades del sur el martes y otras 16 el miércoles, según el relato recogido. Mientras, el Ejército libanés se ha replegado, dejando posiciones que ahora ocupan las IDF. El balance provisional citado por el Gobierno libanés es de al menos 52 muertos y 335 heridos.
La directora de Save the Children en Líbano, Nora Ingdal, describe un patrón de huida nocturna cuando los ataques alcanzan aldeas o suburbios del sur de Beirut: familias que se marchan con lo puesto. Ingdal afirma que al menos 20 niños han muerto en menos de 48 horas y recuerda que el derecho internacional prohíbe bombardear áreas civiles densamente pobladas.

La guerra regional que nadie quiso parar (y sus consecuencias)
La escalada regional iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán entra en su quinta jornada sin horizonte claro. El detonante señalado es el asesinato del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí, tras lo cual Irán habría respondido atacando Israel (con nueve muertos) y bases estadounidenses en Arabia Saudí, Kuwait, Baréin, Catar y Emiratos Árabes Unidos. Incluso Chipre aparece afectado por el impacto de un dron iraní contra una base británica.
En Líbano, Hizbulá presenta sus ataques como ‘venganza’ y como respuesta a 15 meses de ‘agresiones constantes’ pese al supuesto alto el fuego de 2024. Israel, por su parte, ha respondido con operaciones para descabezar la estructura de la milicia, incluyendo la muerte del jefe del programa de armamento, Reza Juzai, y del jefe de inteligencia, según se cita.
Análisis Zero Censura: propaganda, vacío de poder y factura para los civiles
El relato que llega al ciudadano europeo suele venir empaquetado en consignas: unos hablan de ‘defensa’, otros de ‘resistencia’. Pero sobre el terreno el resultado es el mismo: civiles desplazados, niños muertos y un país al borde del colapso logístico. La controversia de fondo no es solo militar: es política. Líbano aparece, una vez más, como un Estado incapaz de proteger a su población mientras actores armados y potencias regionales convierten su territorio en tablero.
Cheaib denuncia un abandono institucional ‘absoluto’: ni gestión del tráfico, ni convoyes asegurados, ni refuerzo de ambulancias. Y cuando logran salir, comienza otra violencia: la económica. Afirma que los alquileres se han disparado en cuestión de horas, empujando a familias a dormir en la calle o en el coche. Es el patrón clásico del colapso: guerra, desplazamiento, especulación y pérdida de servicios básicos.
En paralelo, la fractura interna se agrava. El primer ministro Nawaf Salam calificó de ‘irresponsable’ el ataque de Hizbulá y el gabinete emitió una resolución para prohibir sus actividades militares y exigir la entrega de armas al Estado. La periodista Nour Nahhas sostiene que ejecutarlo es casi imposible: habría disputa entre Salam y el jefe del Ejército, Rudolf Heikal, y el Ejército evitaría una confrontación directa con Hizbulá por el riesgo de una guerra civil dentro de una invasión.
La pregunta incómoda que Europa evita es obvia: ¿quién paga el precio de estas ‘líneas rojas’ cruzadas? Siempre los mismos. Y mientras la diplomacia se vende como éxito, la realidad descrita es la de una ‘mentira diplomática’ y un país ‘atrapado’ entre presiones externas, milicias armadas y un Estado que no llega.



