jueves, marzo 12, 2026
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Israel apoya la guerra con Irán, pero no a Netanyahu

Encuestas: respaldo masivo a la ofensiva, voto aún en el aire

La guerra abierta contra Irán ha disparado un cierre de filas en Israel, pero no garantiza un salvavidas electoral para Benjamín Netanyahu. Una encuesta del Instituto para la Democracia Israelí (IDI) muestra que el 82% de los israelíes apoya la guerra; el respaldo sube al 93% entre la población judía. Aun así, el país sigue partido en dos en lo político: la adhesión a la operación militar no implica un cheque en blanco al primer ministro.

Según el IDI, el 74% de los judíos israelíes confía en que Netanyahu gestione bien la operación: 85% entre votantes de derecha e incluso 40% en la izquierda minoritaria. El analista Lior Yohanani atribuye estos números al arranque del conflicto y al clásico efecto de ‘cohesión en torno a la bandera’, en un contexto donde se subrayan logros militares como el llamado ‘asesinato selectivo’ del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí, y donde, por ahora, las bajas en Israel serían limitadas: 12 civiles por misiles iraníes y 2 soldados en la ofensiva en Líbano.

El relato de la ‘amenaza existencial’ y el cálculo electoral

En retrospectiva, parte del consenso actual es consecuencia de una década de política exterior de Netanyahu centrada en presentar a Irán como ‘gran amenaza existencial’ para Israel y como eje de su relación con Estados Unidos. El politólogo Guy Ben Porat sostiene que el Ejecutivo ha sabido vender dos ideas clave: que la guerra era necesaria e inevitable y que Israel va ganando. Con el apoyo fuerte de EE.UU., añade, era más sencillo convertir esa narrativa en mayorías internas.

Pero el mismo patrón que hoy favorece a Netanyahu puede volverse en su contra. Ben Porat advierte de que el apoyo se erosiona con el paso del tiempo, como ocurrió tras el 7 de octubre de 2023: primero unidad por seguridad; después, apatía y hastío, con protestas reclamando alto el fuego, sobre todo por la cuestión de los rehenes y el coste en soldados. La sociedad israelí, remarca, ha aprendido a convivir con la guerra, pero acumula cansancio y tensiones: reservistas, exención militar a ultraortodoxos, críticas por fallos del 7-O y la sombra de la reforma judicial.

En ese contexto, medios hebreos especulan con que Netanyahu buscaría adelantar elecciones a junio, aunque la cita ordinaria sería el 27 de octubre. La politóloga Gayil Talshir cree que el objetivo sería capitalizar el impulso bélico antes de que cambien las circunstancias: junio sería lo más pronto que permite la ley.

Apoyar la guerra no equivale a votar al Gobierno

El dato incómodo para Netanyahu es que el respaldo a la guerra puede no traducirse en vuelco electoral. Talshir recuerda que, igual que en la llamada Guerra de los Doce Días del año anterior, las encuestas sugieren que los israelíes respaldan la operación, pero no cambian de bloque. El primer ministro no estaría arrebatando apoyos al llamado bando liberal que lidera sondeos; su mejora vendría más bien por trasvase interno desde la extrema derecha radical, socios de coalición, hacia el Likud por su perfil de ‘defensor’ en la contienda.

Antes del ataque, un sondeo de Maariv otorgaba 60 escaños a la oposición (con Naftali Benet al frente) frente a 50 del Gobierno. El Likud sería el más votado con 27 diputados (frente a los 35 actuales), pero la suma opositora ganaría. En los últimos dos años, la oposición habría mantenido ventaja de 7 a 10 escaños sobre la coalición actual, una diferencia relevante en un sistema donde las mayorías suelen decidirse por márgenes estrechos.

Ligero repunte del Likud y la batalla por el ‘marco’ mediático

Con la guerra ya en marcha, una encuesta publicada por The Times of Israel el 5 de marzo daba al Likud 31 escaños, 4 más que la semana anterior. Por bloques, se dibujaba un empate técnico: 53 pro-Netanyahu y 53 anti-Netanyahu, con 14 escaños en manos de partidos árabes no alineados y de Blanco y Azul de Benny Gantz.

Yohanani sostiene que el núcleo no son tanto los números como la narrativa: si Netanyahu impone la idea de que Israel debe estar unido, que él ha protegido al país y que aún queda trabajo por hacer bajo su mando, podría cambiar el clima electoral. Talshir, sin embargo, advierte de que el repunte puede ser efímero y recuerda el lastre del 7-O: Netanyahu habría evitado asumir responsabilidades por fallos de inteligencia y militares, apostando por una victoria frente a Irán como ‘remedio’ político.

Trump, la foto y el ‘aval’ exterior

Netanyahu también jugaría la carta internacional. Está prevista una visita del presidente estadounidense Donald Trump a finales de abril para recibir el Premio de Israel durante celebraciones de la independencia de 1948. Talshir interpreta que Netanyahu querría convertir esa escena en un aval público, dado que Israel es uno de los países con mayor simpatía hacia el líder estadounidense.

La izquierda intenta volver al tablero

Otra tendencia que recogen los sondeos es el resurgir de la izquierda israelí: tras el mal resultado de 2022 (Meretz fuera y laborismo con 4 escaños), el ex jefe militar Yair Golan estaría aglutinando ese espacio bajo Los Demócratas, con proyecciones de 10 a 15 escaños, clave para una eventual alternativa al bloque pro-Netanyahu.

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