miércoles, enero 14, 2026
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Google tenderá un nuevo cable submarino entre EE.UU. y España: Santander, clave en la conectividad atlántica

Google Cloud ha anunciado el despliegue de un nuevo cable submarino transatlántico que unirá Estados Unidos con España, pasando por las islas Bermudas y las Azores. El nuevo sistema, bautizado como Sol, se convertirá en el segundo cable directo entre ambos países tras el Grace Hopper y reforzará la infraestructura crítica de conectividad entre ambos lados del Atlántico.

El punto de aterrizaje de este ambicioso proyecto será la ciudad de Santander, que se consolida así como enclave estratégico para la interconexión digital entre Europa y América. Google ha llegado a un acuerdo con la empresa española de telecomunicaciones Telxius para facilitar la infraestructura necesaria en territorio nacional.

España se posiciona en el mapa geoestratégico digital

Con Sol, Google afianza su influencia en el corazón de la infraestructura digital del Atlántico. Este nuevo cable será el único sistema de fibra óptica en funcionamiento entre Europa y Florida, una ruta cada vez más codiciada debido al auge del tráfico de datos vinculado al crecimiento de la inteligencia artificial y la nube.

Según la propia compañía, Sol permitirá mejorar la capacidad y fiabilidad de la red de Google Cloud en sus 42 regiones mundiales, en un momento de demanda creciente por parte de empresas e instituciones europeas.

Esta iniciativa se suma a otros proyectos de cableado global como Nuvem, Firmina y Equiano, que buscan garantizar la hegemonía digital de Google a escala planetaria. El primero de estos cables en llegar a nuestro país fue Grace Hopper en 2021, cuyo aterrizaje se realizó en Sopelana (Bilbao).

Una apuesta por la soberanía tecnológica… ¿con capital extranjero?

Aunque desde el ámbito municipal se celebra la inversión privada y la consolidación de España como nudo digital, sectores críticos recuerdan que la infraestructura de telecomunicaciones estratégica no puede quedar en manos exclusivas de multinacionales tecnológicas. La colaboración con Telxius supone, al menos, un grado de control nacional, pero se abre el debate sobre hasta qué punto estamos cediendo nuestra soberanía digital a gigantes extranjeros.

España, que durante décadas estuvo en la periferia de las decisiones geoestratégicas tecnológicas, podría jugar ahora un papel clave… si logra equilibrar inversión, control y defensa del interés nacional.

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