El plan «Finance Europe», impulsado por España y Francia, busca evitar la fuga de capitales, pero economistas advierten que limitar las inversiones a Europa perjudicará a los ciudadanos. El S&P 500 duplica ampliamente al EuroStoxx.
Un sello europeo que suena a propaganda económica
En junio, el Gobierno de Pedro Sánchez y Emmanuel Macron, junto a otros cinco países europeos, lanzaron el proyecto Finance Europe, un supuesto sello para fomentar la inversión dentro de la Unión Europea. El objetivo: evitar que los ahorradores saquen su dinero del continente y, si es posible, repatriarlo.
El Ministerio de Economía, dirigido por Carlos Cuerpo, defiende que esta etiqueta permitirá canalizar el ahorro hacia empresas y proyectos europeos, exigiendo que los productos de inversión dediquen al menos un 70 % de sus activos a Europa. Pero la realidad económica es tozuda: los ciudadanos europeos ya prefieren invertir fuera del continente.
La cruda realidad: el EuroStoxx pierde frente al S&P 500
Una de las voces críticas más contundentes ha sido la de la economista Judith Arnal, consejera del Banco de España, ex jefa de gabinete de Nadia Calviño y miembro del CEPS y el Real Instituto Elcano. En un informe para Fedea, Arnal desmonta el plan de Sánchez y Macron con datos: entre 2005 y 2025, el S&P 500 ha crecido más de un 300 %, mientras que el EuroStoxx 50 ha mostrado estancamiento y volatilidad crónica.
«Limitar la inversión a Europa reduce la diversificación, incrementa la volatilidad y perjudica el bienestar financiero de los hogares», afirma Arnal. Es decir, Finance Europe no solo es ineficaz, sino dañina para los pequeños inversores europeos.
Fracaso fiscal y contradicción con los principios de mercado
A la falta de rentabilidad, se suma la ausencia de un marco fiscal común. Los siete países impulsores del sello ni siquiera han acordado un sistema impositivo atractivo. Sin incentivos fiscales europeos, el sello será irrelevante para la mayoría de ahorradores.
Arnal recuerda que intentos anteriores en Francia (PEA), Italia (PIR) y Suecia (ISK) muestran resultados muy dispares. Solo el modelo sueco, sin restricciones geográficas y con una fiscalidad amigable, logra un impacto real: 27 % del PIB en inversión, frente al 3,5 % en Francia y un patético 0,8 % en Italia.
Un invento burocrático para maquillar la falta de competitividad
El sello Finance Europe no resuelve las causas reales del desinterés por la inversión en Europa: regulación excesiva, baja rentabilidad y burocracia asfixiante. Para Arnal, la etiqueta es un gesto simbólico de carácter político, alejado de una verdadera transformación económica.
También cuestiona los criterios de «europeidad»: ¿serán elegibles empresas con sede en la UE pero que operan fuera? ¿Y las multinacionales con estructuras complejas? La falta de definición deja más dudas que respuestas.
Una vez más, la ideología intervencionista se impone a la realidad económica. Los gobiernos socialistas de Europa intentan forzar a los ciudadanos a invertir en lo que no quieren, en vez de mejorar la competitividad del continente.
La etiqueta Finance Europe es humo burocrático
El proyecto estrella de Sánchez y Macron nace sin respaldo fiscal, sin claridad normativa y con un historial de fracaso en experiencias previas. En lugar de seducir al ahorrador, lo castiga. Mientras tanto, Estados Unidos sigue atrayendo capitales gracias a su libertad económica y seguridad jurídica.
¿Es el sello Finance Europe una herramienta para atraer inversión o un nuevo intento fallido del socialismo europeo por controlar el mercado?



