Festival de Málaga: risas con el thriller de Sinde
Una tragedia convertida en ‘comedia no pretendida’
La broma que Carlos Areces soltó en los Premios Goya 2013 sobre la ‘mejor comedia no pretendida’ ha encontrado, según lo visto en el Festival de Málaga, un ejemplo perfecto con Después de Kim, la nueva película de Ángeles González-Sinde, exministra de Zapatero y expresidenta de la Academia de Cine.
La premisa no tiene nada de graciosa: Juan (Darío Grandinetti) y Gloria (Adriana Ozores), divorciados y residentes en Argentina, reciben la noticia de que su única hija, que vivía en España y con la que llevaban años sin relación, ha sido asesinada. Descubren que eran abuelos, pero el niño esta en paradero desconocido, igual que el marido, principal sospechoso. Y aun así, el público en Málaga se rio en demasiadas escenas.
El problema: un tono imposible y un guion lleno de agujeros
La propia González-Sinde definió la película en Málaga como «un thriller emocional sobre el duelo, los vínculos rotos y la posibilidad de reconstruirse». En pantalla, sin embargo, el espectador se encuentra con una cinta en la que cuesta distinguir si se pretende un drama, una comedia o suspense. Ese desconcierto termina provocando risas donde debería haber tensión o dolor.
El reparto sostiene lo que puede: Grandinetti cumple con solvencia y lleva el personaje a su terreno; Ozores, aun en piloto automático, se mantiene correcta. Precisamente por eso resalta mas el fallo de base: un guion que no profundiza en los personajes y deja motivaciones apenas apuntadas.
Resulta llamativo tratándose de una guionista con créditos como La buena estrella o El comensal, pero también con antecedentes como Mentiras y gordas. En Benidorm, entre turistas borrachos, jubilados marchosos y rusos de decorado, la película encadena escenas con giros poco trabajados, incluida una persecución en coche que destaca por lo improbable y pobremente resuelta. Si se piensa un mínimo en la evolución de la trama, aparecen agujeros por todas partes.

Mala: alfombras rojas, fans y el circo influencer
El Festival de Málaga sigue siendo, año tras año, el gran escaparate de alfombras rojas en España: colas de jóvenes desde primera hora para ver a los actores en el Teatro Cervantes o guardias en hoteles. Este año, el mas perseguido y gritado, por ahora, ha sido Aron Piper.
Pero la deriva del festival no se queda en el fandom: en los últimos años se invita a influencers sin vinculo con el cine para «dar color». Este fin de semana paso por la alfombra roja Ona Gonfaus y, preguntada por una recomendación, respondió: «No se, una peli… que rollo». Ante la insistencia, acabo diciendo: «La ultima de Ocho apellidos«. El mensaje es demoledor: en un festival de cine, algunos invitados promocionales admiten abiertamente que el cine les aburre.
La tendencia no es exclusiva de Málaga: el mismo debate se ha visto en los Premios Goya con figuras como Dulceida o Fabiana Sevillano. Incluso distribuidoras están colando a influencers en jornadas de entrevistas con actores. En una sala de espera para prensa, tres creadoras de contenido llegaron a comentar: «Yo les voy a pedir que la respuesta no dure mas de 20 segundos«. Hablar de cultura con cronometro: eso es lo que queda cuando el foco deja de estar en las películas y pasa al algoritmo.



