jueves, febrero 5, 2026
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Epstein sacude a Starmer: perdón por nombrar a Mandelson

Epstein sacude a Starmer: perdón por nombrar a Mandelson

El primer ministro admite el daño y promete revisar los filtros

El primer ministro británico, Keir Starmer, ha pedido perdón a las víctimas vinculadas al caso Jeffrey Epstein tras la dimisión de Peter Mandelson como miembro vitalicio de la Cámara de los Lores y su destitución como embajador del Reino Unido en Estados Unidos. El giro llega en plena tormenta política por la publicación de nuevos documentos relacionados con el pederasta.

Starmer ha intentado justificarse alegando que, cuando firmó el nombramiento, no tenía motivos para dudar de Mandelson: ‘No tenía ninguna razón para creer que Mandelson estuviera mintiendo antes de ser nombrado’. Aun así, el jefe del Ejecutivo ha reconocido que las víctimas ‘nunca debieron sentirse ignoradas’ y se ha comprometido a cooperar con las investigaciones y a revisar los mecanismos de control en futuros nombramientos de alto nivel.

La Policía investiga a Mandelson por filtrar documentos a Epstein

El caso vuelve a colocar en el centro a Mandelson, figura clave del laborismo moderno y arquitecto del Nuevo Laborismo en la era Tony Blair. La Policía Metropolitana de Londres ha confirmado la apertura de una investigación criminal tras conocerse que, durante su etapa como ministro, compartió documentos sensibles del Gobierno británico con Epstein.

Starmer, mientras tanto, trata de cerrar filas y sostener su liderazgo insistiendo en ‘restaurar la confianza pública’ y en que no debe existir espacio de impunidad para quienes han ocupado posiciones de poder. Pero el problema político es evidente: si el propio Gobierno reconoce que fallaron los filtros, la pregunta inevitable es cómo se permitió que alguien con este nivel de sospecha y exposición terminara representando al Reino Unido en Washington.

Los papeles reabren la incómoda cercanía de las élites con Epstein

Los documentos desclasificados han ampliado el foco del escándalo más allá de la política británica y vuelven a señalar el ecosistema de relaciones entre poder, dinero y prestigio internacional. En los archivos se citan nombres como Bill Gates, el expresidente Bill Clinton y miembros de la familia real británica. Estas menciones —contactos, invitaciones o referencias cruzadas— no implican necesariamente delitos, pero reactivan el debate sobre por qué ciertas élites mantuvieron proximidad con Epstein incluso cuando ya había sido condenado por abusar de una menor de 14 años en Palm Beach.

En este clima han destacado las declaraciones de Melinda French Gates, exesposa de Bill Gates, en el podcast Wild Card (NPR). La filántropa ha afirmado que la relación de su entonces marido con Epstein fue un factor que pesó en su decisión de divorciarse y que ver su nombre ligado a esos documentos fue ‘emocionalmente difícil’. Sin entrar en detalles sobre la conducta de Gates, ha pedido centrar la atención en las víctimas y en quienes aparecen en los archivos y deben dar explicaciones.

Europa también queda tocada: casas reales y exministros en el foco

La onda expansiva alcanza a Europa. En Noruega, la princesa heredera Mette-Marit ha admitido un error de juicio tras confirmarse que se alojó en una residencia de Epstein en Palm Beach en 2013 y que mantuvo contacto posterior con él. En el Reino Unido, vuelven las referencias al expríncipe Andrés, despojado de sus títulos y acusado de facilitar encuentros sexuales en Windsor, acusaciones que niega. Su exesposa, Sarah Ferguson, aparece mencionada por mensajes afectuosos dirigidos a Epstein.

El coste político ya se traduce en dimisiones y ceses fuera de Londres: en Eslovaquia, el exministro Miroslav Lajcak dejó su puesto como asesor de seguridad tras reconocerse contactos reiterados con Epstein. En Francia, el exministro socialista Jack Lang ha admitido una relación prolongada con el magnate, aunque descarta dimitir como presidente del Instituto del Mundo Árabe y niega haberse beneficiado económicamente. Los archivos también recogen referencias indirectas a líderes como Emmanuel Macron, citados por terceros.

ANÁLISIS CRÍTICO

La disculpa de Starmer no cierra la herida: la agranda. Primero, porque expone un problema recurrente en las democracias occidentales: los nombramientos de máxima responsabilidad se sostienen demasiadas veces sobre ‘garantías personales’ y confianza entre élites. Segundo, porque la respuesta política típica —’no lo sabía’— suena a coartada cuando lo que está en juego es la seguridad institucional y la credibilidad internacional. Y tercero, porque el caso Epstein vuelve a poner en evidencia el doble rasero: mano dura retórica para el ciudadano común y un carril privilegiado de excusas para los poderosos.

Mientras continúa el análisis de la documentación, gobiernos e instituciones quedan bajo presión por las consecuencias judiciales y reputacionales de un escándalo que no deja de crecer.

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