Washington recurre a la experiencia ucraniana en defensa aérea
El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, aseguró este jueves que Estados Unidos le ha trasladado una petición oficial para colaborar en la defensa de Oriente Próximo, basándose en la experiencia ucraniana para repeler drones iraníes, un tipo de arma que, según Kiev, se ha usado de forma amplia en la guerra por parte de las fuerzas rusas.
Zelenski afirmó en redes sociales que ya ha dado instrucciones para proporcionar los medios necesarios y garantizar la presencia de especialistas ucranianos que aporten la seguridad requerida. También deslizó que este movimiento se enmarca en conversaciones previas y que iría acompañado de un intercambio: más armamento para Ucrania.
Las cifras que explican el problema: misiles y cientos de drones
La solicitud, en la práctica, apunta a la amenaza que suponen estos sistemas en la región del Golfo. En un mensaje difundido el 3 de marzo por el Ministerio de Defensa de Emiratos Árabes Unidos en Instagram, se reportaron ataques atribuidos a Irán: de 186 misiles balísticos lanzados, 172 habrían sido interceptados, 12 habrían caído al mar y 1 habría impactado dentro de las fronteras del país. A ello se sumaron 8 misiles de crucero, también interceptados. La columna más reveladora fue la de drones: 812 detectados, 755 derribados y 57 que lograron caer en territorio emiratí.

La condición de Kiev: primero el alto el fuego
En una rueda de prensa, Zelenski condicionó el despliegue rápido de ayuda a que los países del Golfo consigan persuadir al presidente ruso, Vladímir Putin, para decretar un alto el fuego en Ucrania. Según su planteamiento, solo entonces quienes hoy protegen el cielo ucraniano podrían ir a proteger o enseñar a proteger a otros países frente a ataques iraníes. Mientras Ucrania siga bajo fuego, dejó claro, su prioridad seguirá siendo defender su propio territorio.
ANÁLISIS CRÍTICO
El episodio deja un mensaje incómodo para Europa: cuando el riesgo escala en Oriente Próximo, EEUU recurre a Ucrania como laboratorio de guerra real para contramedidas antidrón, mientras en el Viejo Continente se mantiene el debate político eterno sobre gasto militar, fronteras y seguridad energética. A la vez, el propio Zelenski convierte la cooperación en moneda diplomática: ayuda sí, pero a cambio de armas y de presión externa para frenar a Rusia. En otras palabras, Kiev no regala su know-how: lo capitaliza.
También queda en evidencia que la amenaza de drones baratos y ataques masivos no es un problema ‘lejano’: es un modelo de guerra que puede rebotar a Europa. La pregunta no es si esta tecnología se usará más, sino si los gobiernos occidentales —incluido el español— están dispuestos a asumir el coste político y presupuestario de prepararse, en vez de limitarse a comunicados y consignas.



