
Davos y Trump: Europa en alerta y sin plan propio
El Foro Económico Mundial llega con tensión máxima entre EE. UU. y la UE
El Foro Económico Mundial en Davos (Suiza) arranca con una imagen simbólica: Alpes casi sin nieve y temperaturas de hasta 14 grados en pleno enero, mientras en la política internacional nada parece estable. La edición se vende como ‘un espíritu de diálogo’, pero aterriza en mitad de una escalada que enfrenta a Donald Trump con Europa como no se veía en 80 años de arquitectura de seguridad occidental.
La organización del foro asegura que Trump acudirá con media docena de secretarios de Estado, la mayor delegación de Washington en más de 50 años de historia del encuentro. En el mismo escenario, el presidente de EE. UU. se verá con líderes europeos y socios de la OTAN a los que ha amenazado con aranceles inmediatos por participar en maniobras militares en Groenlandia, a petición del Gobierno de Dinamarca.
Europa se pregunta si puede defenderse… y de quién
Entre paneles sobre sanidad, migración, crédito y mercados emergentes, destaca una mesa redonda con una pregunta que retrata el momento: ‘¿Puede Europa defenderse a sí misma?’. Participan el secretario general de la OTAN, Mark Rutte; el presidente polaco aliado de Trump, Carol Nawrocki; el presidente finlandés, Alexander Stubb; y la presidenta del Banco Europeo de Inversiones, Nadia Calviño. La cuestión incómoda, que muchos en Bruselas evitan en público, es otra: ¿defenderse de quién si Washington deja de ser un socio fiable?
Durante décadas, Davos y la Conferencia de Seguridad de Múnich han apuntalado el eje atlantista. Pero Múnich 2025 dejó claro el cambio de era. El vicepresidente J. D. Vance afirmó que China o Rusia no eran el gran riesgo para Europa y apuntó directamente a los problemas internos: habló de ‘retroceso de valores’, cargó contra la inmigración y criticó que se limite la difusión de bulos en redes o que no se dé voz a partidos como Alternativa para Alemania, formación respaldada explícitamente por el entorno de Trump en la campaña alemana.
Groenlandia, Ucrania y el precio de la dependencia europea
Once meses después, los líderes comunitarios siguen intentando salir del estupor ante la amenaza de una acción estadounidense sobre Groenlandia y tratan de diseñar una respuesta que no rompa del todo con Washington, por miedo a un abandono de Ucrania frente a Rusia. Esa es la paradoja que deja al descubierto Davos: la UE presume de poder normativo, pero duda cuando el pulso es militar o estratégico.
En Davos intervendrá la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, cuestionada por su silencio y su estrategia de contención frente a Trump. También hablarán el presidente francés Emmanuel Macron, el canciller Merz y el canadiense Carney, que ha respaldado a Dinamarca mientras Trump mantiene su presión: quiere anexionar Canadá a Estados Unidos, según se recoge en el contexto reciente citado por la propia agenda informativa.
Libre comercio e intereses: lo demás puede quedar tapado
La agenda del foro incluye voces tan dispares como el vicepresidente chino He Lifeng o el argentino Javier Milei, pocos días después del acuerdo UE-Mercosur, que establece la mayor zona de libre comercio del mundo. España estará representada por Pedro Sánchez y tres ministros: Aagesen, Albares y Cuerpo.
El foro dice querer debatir inteligencia artificial, seguridad energética y crisis climática. Pero el choque entre aliados a ambos lados del Atlántico amenaza con devorar cualquier otra conversación. Davos puede hablar de ‘diálogo’; el problema es que Europa llega sin una respuesta clara cuando el que aprieta es el supuesto garante de su seguridad.
Lectura crítica: Davos como termómetro del poder real
El relato oficial presenta a Davos como un espacio neutral. La realidad es más cruda: cuando Trump amenaza con aranceles y pone sobre la mesa escenarios impensables, queda expuesta la fragilidad europea para sostener su defensa, su industria y su política exterior sin tutela. Y también queda en evidencia la distancia entre la retórica de Bruselas y su capacidad de actuar con rapidez cuando la presión no viene de Moscú, sino del propio socio estadounidense.



