El escándalo fiscal en Chile alcanza proporciones alarmantes. Al 31 de diciembre de 2025, la liquidez del Tesoro se redujo a meros 46 millones de dólares, una miseria que paraliza de inmediato cualquier maniobra fiscal. Esta situación crítica se desprende de datos proporcionados por la Dirección de Presupuestos (Dipres), revelando la herencia tóxica del Gobierno de Boric.

Una herencia extrema y un futuro incierto
Comparado con los traspasos fiscales de sus predecesores, esta herencia es catastrófica. Piñera dejó más de 4.000 millones en 2021, mientras que Bachelet entregó unos 3.200 millones en 2017. El nuevo ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, no se ha tapado los ojos, describiendo al fisco como «sin caja» y condenando la situación heredada como inaceptable.
Déficit y deuda: el peso de un legado fallido
La deuda pública ha alcanzado el 41,7% del PIB, tras un incremento dramático durante el mandato de Boric. A esto se suma un déficit fiscal del 2,8% del PIB, con un déficit estructural de hasta 3,6%% incumpliendo la regla fiscal durante tres años consecutivos. La situación representa el peor trienio fiscal sin crisis externa desde hace décadas.
¿Soluciones o más problemas?
Boric intentó tapar el agujero fiscal alzando impuestos sin éxito. Aunque se propuso una reforma tributaria, la recaudación fue insuficiente para frenar el descontrol del gasto. Con un fondo soberano e activos totales de 15.000 millones, la liquidez diaria se desvaneció en favor de subsidios y reformas fallidas. La administración de Kast empieza con un panorama sombrío que exige cirugía fiscal.
El camino a seguir
El futuro del país depende de si Kast adoptará políticas que contrarresten este legado devastador. Con un crecimiento estancado y la economía al borde del colapso, cada decisión será crucial. ¿Podrá resistir el embate de quienes llaman a una «austeridad inhumana»?



