El dictador venezolano ha sido ingresado en la cárcel federal de Brooklyn, un centro plagado de escándalos, caos y condiciones que muchos califican de inhumanas.

Del Palacio de Miraflores a una celda infestada: la caída brutal del narcodictador chavista
El que fuera hombre fuerte del chavismo, Nicolás Maduro, duerme ahora entre paredes sucias, cortes de luz, filtraciones de drogas y aislamiento casi total. La justicia de Estados Unidos lo mantiene encerrado en el Centro Metropolitano de Detención de Brooklyn (MDC) tras su captura en Caracas por fuerzas especiales estadounidenses el pasado 3 de enero.
El otrora aliado de Cuba, Rusia e Irán ha pasado de lujos bolivarianos a compartir techo con criminales comunes en una de las prisiones más deterioradas y criticadas del sistema federal norteamericano.
La cárcel de los escándalos: cortes de luz, comida contaminada y suicidios
El MDC de Brooklyn, fundado en 1994 y con más de 1 300 reclusos, acumula denuncias por condiciones infrahumanas. Abogados, jueces y fiscales han descrito el centro como:
- “Infestado de drogas”
- “Saturado de contrabando”
- “Con confinamientos casi perpetuos”, incluso tras la pandemia
- Y con “graves fallos estructurales” como apagones en pleno invierno, que dejaron sin calefacción a los presos durante semanas
El juez federal Jesse Furman criticó duramente el MDC en 2024, señalando incluso que al menos cuatro presos se suicidaron en tres años, y que los fiscales ya no se oponen a reducciones de penas ante semejantes condiciones.
Personal escaso, salarios bajos y un sistema colapsado
La cárcel donde EE. UU. retiene a Maduro como acusado de narcoterrorismo ha absorbido el colapso del MCC de Manhattan, cerrado por condiciones aún peores. Esto ha generado hacinamiento extremo, escasez de personal, y una creciente tasa de violencia y descontrol dentro de sus muros.
“Los jueces ya descuentan tiempo de pena por el estado del MDC. No hay defensa posible: es un desastre absoluto”, aseguran fuentes judiciales estadounidenses.
¿Venganza, justicia o símbolo del fin del chavismo?
La imagen de Maduro encerrado en uno de los peores centros penitenciarios de EE. UU. tiene un altísimo valor simbólico para millones de venezolanos exiliados, perseguidos o arruinados por su régimen.
Mientras en Cuba los medios tratan de silenciar el tema, y Caracas intenta maquillar su derrota como una “violación del derecho internacional”, la realidad es que el dictador ya no tiene guardaespaldas ni palacio, solo una litera sucia y una puerta blindada que no se abre desde dentro.
¿Quién cuidará ahora el legado bolivariano entre apagones, cucarachas y gritos de celda?



