La selección argentina, vigente campeona del mundo, confirmó que concentrará en Kansas (Estados Unidos) antes y durante el Mundial de 2026, una decisión estratégica que refuerza su objetivo de revalidar el título en un torneo marcado por la expansión a 48 selecciones y por una logística sin precedentes.

Kansas, el cuartel general de la campeona del mundo
La Selección argentina ha decidido instalar su base de operaciones en Kansas, apostando por una localización alejada del ruido mediático, con infraestructura deportiva de primer nivel y condiciones óptimas de seguridad.
Desde el entorno del cuerpo técnico destacan que la elección no es casual:
- Clima estable y similar al de varias sedes mundialistas.
- Instalaciones modernas para entrenamientos de alto rendimiento.
- Menor presión mediática que en grandes ciudades como Nueva York o Los Ángeles.
Todo ello apunta a un plan claro: aislamiento, concentración y control absoluto del entorno.
Un Mundial politizado y una decisión pragmática
El Mundial 2026, organizado por Estados Unidos, México y Canadá, no estará exento de tensiones políticas, problemas de seguridad y caos logístico. En este contexto, la AFA opta por minimizar riesgos y evitar focos de distracción innecesarios.
Mientras otras selecciones priorizan el impacto mediático y la cercanía a grandes urbes, Argentina apuesta por el trabajo silencioso, fiel al modelo que le permitió levantar la Copa en Catar.
Scaloni y la continuidad del modelo ganador
El cuerpo técnico encabezado por Lionel Scaloni mantiene intacta su filosofía:
perfil bajo, disciplina interna y máxima exigencia competitiva. Kansas servirá como escenario para ajustar los últimos detalles tácticos, evaluar el estado físico de los jugadores y gestionar con precisión los tiempos de descanso en un calendario extremadamente exigente.
Además, la base permitirá planificar desplazamientos más eficientes dentro del territorio estadounidense, clave en un Mundial con largas distancias entre sedes.
Argentina, favorita incómoda para el sistema FIFA
No es menor que la campeona del mundo vuelva a posicionarse como favorita natural, algo que incomoda a ciertos sectores del establishment futbolístico internacional. Argentina llega con autoridad deportiva, liderazgo dentro del vestuario y una generación que combina experiencia y hambre competitiva.
La pregunta no es si Argentina competirá.
La verdadera incógnita es: ¿permitirá el sistema que la campeona vuelva a imponer su jerarquía?



