Un debate marcado por el pasado histórico, la presión de los aliados y el ascenso de la ultraderecha
La posibilidad de que Alemania participe en una fuerza de paz europea en Ucrania ha provocado un intenso debate interno y un fuerte rechazo por parte de amplios sectores políticos y sociales. Aunque el escenario sigue siendo remoto, los rumores sobre un despliegue de tropas han encendido las alarmas en un país que todavía arrastra las sombras de su pasado nazi y que recuerda con recelo sus últimas experiencias militares en Afganistán y Mali.
Merz abre la puerta, pero con cautela
El canciller Friedrich Merz reconoció que Alemania podría contribuir a una misión internacional en Ucrania si existiera un acuerdo de paz con Rusia, aunque subrayó que cualquier decisión requeriría coordinación europea, consenso en su coalición y la aprobación del Bundestag.
“Es un tema demasiado delicado como para improvisar. Alemania solo actuará con un mandato claro y bajo condiciones estrictamente definidas”, señaló Merz, intentando mantener el equilibrio entre las exigencias de sus aliados y el rechazo interno.
Críticas desde la extrema derecha y el propio Gobierno
La líder del partido Alternativa para Alemania (AfD), Alice Weidel, acusó al canciller de “belicismo peligroso e irresponsable”, advirtiendo que enviar tropas terrestres a Ucrania supondría arrastrar al país hacia un conflicto directo con una potencia nuclear.
Incluso dentro del propio Gobierno surgieron dudas: el ministro de Exteriores, Johann Wadephul, admitió que un despliegue de este calibre “probablemente nos abrumaría”, en referencia al debilitado ejército alemán y a la sobrecarga financiera de la guerra en Ucrania.
Una sociedad dividida
La opinión pública alemana refleja esa misma división: según una encuesta de Forsa para RTL/ntv, el 49% apoya enviar soldados a una fuerza de paz europea, mientras que el 45% se opone. Las cifras contrastan con el amplio respaldo registrado en Francia y Reino Unido, donde Emmanuel Macron y Keir Starmer ya han defendido públicamente el despliegue.
La AfD, en ascenso en las encuestas, ha aprovechado el debate para lanzar una campaña en redes sociales con el mensaje: “¿Merz quiere enviarte a Ucrania? ¡Nosotros no!”, apelando al malestar ciudadano frente al gasto militar en plena crisis económica.
El fantasma del pasado y el peso del presente
El temor a repetir errores históricos marca el debate. Los despliegues fallidos en Afganistán y Mali dejaron una profunda huella en la opinión pública alemana, y la idea de volver a enviar tropas genera resistencia en un país donde la memoria del militarismo nazi sigue condicionando la política exterior.
Al mismo tiempo, Merz ha prometido modernizar al ejército alemán y convertirlo en el más fuerte de Europa, respaldado por cientos de miles de millones de euros en nuevos préstamos. Un ambicioso plan que ahora se enfrenta a la tensión política y al desgaste de su popularidad.
Perspectivas
Por el momento, el escenario de tropas alemanas en Ucrania sigue siendo hipotético. Sin embargo, el mero rumor ha bastado para reabrir viejas heridas, polarizar a la sociedad y poner a prueba al canciller en uno de los debates más complejos desde que asumió el cargo.




