Carlos Alcaraz está a las puertas de hacer historia. El murciano disputará este domingo la gran final del Open de Australia 2026 frente a Novak Djokovic, en un duelo generacional que definirá no solo el campeón del primer Grand Slam del año, sino también el rumbo de una nueva era del tenis mundial. Pero tras el éxito del número uno del mundo no solo hay trabajo físico y talento: también hay familia, especialmente su hermano mayor, Álvaro Alcaraz, una figura que ha ganado peso dentro de su equipo tras la salida de Juan Carlos Ferrero.

Álvaro, nacido en 1999 en El Palmar (Murcia), ha pasado de ser un hermano observador en las gradas a convertirse en una pieza esencial del equipo técnico de Carlos. Tras la marcha de Ferrero a finales de 2025, Álvaro se ha consolidado como segundo entrenador, apoyando a Samuel López, y ha intensificado su papel como asesor técnico, emocional y estratégico.
“Sabe muchísimo de tenis y tiene una forma de ver las cosas que nos aporta mucho”, declaró Carlos desde Melbourne. No es una afirmación casual: Álvaro ha sido parte del núcleo familiar que impulsó la carrera del tenista desde sus inicios, marcando sus primeros pasos en las pistas y acompañándolo en la sombra desde el torneo de Río de Janeiro 2022, donde Carlos ganó su primer título ATP 500.
Aunque no se considera un entrenador al uso, su conocimiento del circuito y su vínculo emocional con Carlos le otorgan una perspectiva única dentro del equipo. La complicidad entre ambos es evidente: anécdotas como el famoso corte de pelo antes del US Open, realizado por Álvaro, o sus constantes apariciones en torneos y eventos sociales, demuestran que más allá de la raqueta, hay una conexión fraternal sólida que se ha convertido en un pilar del éxito del murciano.
En el plano deportivo, la final de este domingo será el tercer gran enfrentamiento entre Alcaraz y Djokovic, con un historial que incluye la victoria del español en Wimbledon y la revancha del serbio en Turín. Ahora, en el cemento de Melbourne Park, Alcaraz tiene la oportunidad de conquistar su primer título en Australia y completar el Career Grand Slam, hazaña que solo unos pocos en la historia han conseguido antes de los 23 años.
La presencia de Álvaro en el banquillo será más que simbólica: será el reflejo de una carrera construida desde la cercanía, la confianza y la familia. Como dijo Ferrero recientemente: “Aunque Álvaro no fuera entrenador profesional, siempre estuvo ahí. Y ahora, aporta más que nunca”.
Este domingo, el tenis mundial se cita con la historia. Y Carlos Alcaraz, con su hermano a su lado, quiere escribir una página más en letras doradas.



