El presidente de Volodímir Zelenskiy planea anunciar el 24 de febrero un plan para celebrar elecciones presidenciales y un referéndum nacional en mayo de 2026, en medio del conflicto con Rusia. La decisión llega en un contexto de negociaciones con Estados Unidos y aliados occidentales sobre un eventual acuerdo de paz.

Elecciones en guerra: ¿democracia o presión internacional?
La iniciativa de convocar elecciones en plena guerra ha generado un intenso debate político y estratégico dentro y fuera de Ucrania. Según diversas fuentes internacionales, el anuncio oficial se produciría coincidiendo con el segundo aniversario ampliado de la fase más cruenta del conflicto.
El plan incluiría:
- Elecciones presidenciales en mayo de 2026
- Referéndum nacional sobre cuestiones estratégicas vinculadas al futuro del país
- Posible reforma institucional para facilitar un eventual acuerdo de paz
La clave política radica en que, hasta ahora, la ley marcial vigente impedía procesos electorales ordinarios. El cambio de rumbo podría interpretarse como una señal hacia Occidente para reforzar la legitimidad democrática del Gobierno ucraniano.
El papel de Estados Unidos y la presión occidental
El anuncio no puede entenderse sin el contexto geopolítico. Washington y otras capitales europeas han presionado discretamente para que Kiev muestre avances en institucionalidad democrática de cara a cualquier negociación futura con Moscú.
Desde sectores críticos se apunta que esta convocatoria electoral podría ser:
- Un intento de blindar el liderazgo de Zelenskiy antes de una posible negociación.
- Una estrategia para reforzar el respaldo financiero y militar occidental.
- Una maniobra para legitimar concesiones territoriales si se produjeran.
En paralelo, Rusia observa el movimiento con escepticismo, insistiendo en que cualquier proceso electoral en territorios en disputa carecería de validez.
Riesgos internos y fractura política
Convocar elecciones en un país parcialmente ocupado y con millones de desplazados plantea interrogantes logísticos y de seguridad:
- ¿Podrán votar los ciudadanos en zonas bajo control ruso?
- ¿Qué garantías habrá para los desplazados internos y refugiados?
- ¿Cómo se garantizará la integridad del proceso en un contexto de guerra activa?
Además, la oposición ucraniana podría aprovechar la convocatoria para cuestionar decisiones estratégicas adoptadas durante el conflicto.
Un movimiento con cálculo estratégico
Más allá del discurso democrático, la iniciativa revela un cálculo político evidente: consolidar liderazgo, asegurar apoyo occidental y preparar el terreno para una negociación futura.
La guerra en Ucrania ha entrado en una fase de desgaste prolongado. La economía está tensionada, la ayuda internacional es objeto de debate en varios países y el frente militar permanece inestable.
En este escenario, el anuncio electoral puede ser interpretado como:
- Un mensaje de estabilidad institucional.
- Una señal de apertura hacia un proceso de paz.
- O un gesto forzado por la presión internacional.
El 24 de febrero será una fecha clave para medir el rumbo político de Ucrania en 2026.
Porque la pregunta de fondo sigue abierta: ¿estamos ante un ejercicio de fortalecimiento democrático o ante una jugada estratégica condicionada por la guerra y la presión exterior?



