

Durante décadas, el lujo europeo fue sinónimo de calidad, herencia y excelencia artesanal. Hoy, ese relato se resquebraja. Las grandes casas han convertido el lujo en un producto financiero, desconectado del valor real, del cliente tradicional y de la identidad cultural que lo hizo grande.
Precios inflados, calidad cuestionable
Bolsos que superan los 4 000 o 5 000 euros, prendas fabricadas fuera de Europa y una calidad cada vez más discutida han generado una sensación generalizada de estafa elegante. El cliente ya no percibe exclusividad, sino abuso.
El error estratégico
Las marcas apostaron todo a Asia y al turismo de lujo, abandonando a su comprador europeo fiel. Hoy, con inflación y pérdida de poder adquisitivo, ese consumidor ha dejado de sentirse representado.
El lujo pierde legitimidad
Cuando el lujo deja de ofrecer excelencia y solo vende imagen, pierde su razón de ser. El resultado es una caída silenciosa de ventas, cierres discretos y promociones encubiertas.



