
La alfombra roja de los Grammy 2026 volvió a confirmar una tendencia imparable: el exhibicionismo estético como seña de identidad de las élites culturales. Vestidos imposibles, trajes sobredimensionados y estilismos diseñados más para viralizarse en redes que para celebrar la música marcaron una gala donde el lujo rozó el exceso y el ego eclipsó al talento.
Vestidos de alta costura: provocación antes que elegancia
Las grandes casas de moda apostaron por siluetas extremas, transparencias calculadas y tejidos que desafiaban la funcionalidad. En muchos casos, el vestido dejó de ser una prenda para convertirse en un manifiesto visual, pensado para acaparar titulares y alimentar la industria del clic.
Celebridades como Dua Lipa o Taylor Swift desfilaron con diseños valorados en decenas de miles de euros, inaccesibles para el ciudadano medio y completamente desconectados de la realidad económica que vive gran parte del público.
Trajes masculinos: del clasicismo al disfraz
En el apartado masculino, el traje tradicional fue relegado por propuestas cada vez más extravagantes: chaquetas oversize, pantalones con cortes imposibles y combinaciones cromáticas que rozan lo caricaturesco. El traje, símbolo histórico de elegancia y sobriedad, se transformó en muchos casos en un disfraz conceptual.
Artistas como Bad Bunny apostaron por estilismos que rompen deliberadamente con los códigos clásicos, reforzando una narrativa donde la provocación pesa más que la coherencia estética.

Moda de élites para un público que no llega a fin de mes
Mientras la industria celebra estos looks como “audaces” o “rompedores”, lo cierto es que reflejan una burbuja cultural cada vez más alejada de la sociedad real. Vestidos de archivo, joyas millonarias y trajes hechos a medida conviven con un contexto de inflación, pérdida de poder adquisitivo y precariedad para millones de personas.
La alfombra roja se consolida así como un escaparate de privilegio, donde la ostentación no solo no se oculta, sino que se reivindica.
Redes sociales y narcisismo visual
Cada vestido y cada traje están diseñados para un segundo escenario: Instagram, TikTok y X. La moda deja de ser experiencia presencial y se convierte en contenido viral, medido en likes, reproducciones y titulares. El resultado es una estética cada vez más extrema, pensada para destacar en un feed saturado.
¿Moda o circo mediático?
Los Grammy, organizados por la Recording Academy, nacieron para premiar la excelencia musical. Sin embargo, la atención mediática vuelve a centrarse en quién viste a quién, cuánto cuesta el vestido y cuán provocador es el traje.
La pregunta es inevitable: ¿sigue siendo la alfombra roja un homenaje al arte o se ha convertido en un circo de vanidades donde el lujo sirve para alimentar egos y titulares?



