
Caos ferroviario: más de 200 trenes afectados tras Adamuz
Corte de la alta velocidad entre Madrid y Andalucía al menos hasta el lunes 20
El descarrilamiento de dos trenes de alta velocidad en las inmediaciones de Adamuz (Córdoba) ha forzado la suspensión del tráfico ferroviario entre Madrid y varias capitales andaluzas, una interrupción que se prolongará «al menos» hasta el lunes 20 de enero. Según la información facilitada por las compañías que operan estas rutas, el corte afectará a más de 200 trenes.
En concreto, queda interrumpido el servicio en las líneas de alta velocidad entre Madrid y Sevilla, Córdoba, Málaga y Huelva. Además, Adif ha advertido de posibles afectaciones en los enlaces con Cádiz, Algeciras y Granada, recomendando a los viajeros consultar incidencias en los canales oficiales de Renfe e Iryo.
Renfe, Iryo y Ouigo: el mapa de cancelaciones
Renfe concentra una parte importante de la operativa afectada: para este lunes tenía previstos 23 enlaces entre Madrid-Sevilla, 18 con Córdoba, 28 con Málaga y 6 con Huelva. La empresa pública ha ofrecido cambios y anulaciones gratuitos para los trenes afectados y ha aclarado que mantiene con normalidad las conexiones con Toledo, Ciudad Real y Puertollano.
En el caso de Iryo, la compañía cuenta con 18 conexiones diarias entre Madrid y Sevilla, 24 hacia Córdoba y 3 con Málaga. Por su parte, Ouigo preveía para este lunes 4 enlaces con Sevilla y otros 4 con Córdoba y con Málaga. Ninguna de las dos privadas ofrece conexiones entre Madrid y Huelva.
El accidente y la pregunta inevitable: ¿quién responde?
El corte llega tras un siniestro de enorme gravedad: el descarrilamiento ha sido vinculado a un balance de al menos 21 muertos y decenas de heridos graves, según la información publicada por RTVE. Mientras miles de viajeros asumen retrasos, cancelaciones y cambios de planes, la cuestión de fondo vuelve a ser la misma: cuando falla una infraestructura crítica, el ciudadano paga primero el precio en tiempo, dinero y seguridad, y las responsabilidades políticas suelen diluirse entre comunicados.
La alta velocidad se ha vendido durante años como símbolo de modernidad, vertebración territorial y eficiencia. Pero cada colapso de un corredor estratégico como el de Madrid-Andalucía reabre el debate sobre la gestión real del sistema ferroviario: coordinación entre operadores, reacción ante emergencias y, sobre todo, transparencia en la información al usuario en las primeras horas, cuando más incertidumbre hay.
Por ahora, la recomendación oficial es clara: comprobar el estado del servicio en los canales de Renfe e Iryo antes de desplazarse. Y asumir que, tras Adamuz, el país vuelve a comprobar lo frágil que puede ser una arteria clave cuando se corta de golpe.



