El Partido Popular (PP) ha reconocido un giro en su estrategia política de cara al nuevo ciclo electoral iniciado tras las elecciones de Extremadura y la consolidación de Vox como un actor clave en la derecha. Fuentes de Génova sostienen que el enfrentamiento frontal con Vox —una táctica utilizada en campañas anteriores— ya no es eficaz y, de hecho, “solo da aire a Vox”, según dirigentes populares consultados.

Este cambio de postura se produce tras unos comicios en los que PP y Vox concentraron conjuntamente el 60% del voto en Extremadura, y en los que Vox duplicó su representación, pasando de 5 a 11 escaños y consolidándose como tercera fuerza política en la región. El resultado ha obligado al PP a revisar su enfoque y a contemplar una nueva arquitectura de alianzas dentro del bloque de derechas.
El bloque de derechas como concepto estratégico
En Génova llevan semanas argumentando que la derecha necesita mayor cohesión estratégica para competir con fuerza en futuras citas electorales, y ahora asumen públicamente el concepto de “bloque de derechas”. Aunque hasta ahora este término había sido utilizado principalmente por el PSOE —para aglutinar a todas las fuerzas que considera progresistas—, el PP ha optado por apropiarse de la idea y darle un giro táctico.
Dirigentes populares explican que, ante el auge de Vox y su capacidad de movilización, no tiene sentido desentenderse de ese espacio político ni presentarse como su adversario directo. “Pelear contra Vox solo da aire a Vox”, admiten en círculos próximos a la dirección nacional del partido, al tiempo que recalcan que el objetivo ahora es capitalizar ese 60% del elector de derechas sin excluir a nadie del espectro político conservador.
Una lectura política del resultado extremeño
La fotografía política en Extremadura, dicen en el PP, es inequívoca: la derecha ha ganado con holgura. Más allá de las diferencias entre ambas formaciones, el bloque que representan PP y Vox ha sido respaldado por una mayoría clara de votantes. Esa realidad, aseguran en Génova, debe traducirse en una estrategia conjunta —si no en alianzas formales, sí en entendimientos prácticos— que permita estabilidad y gobernabilidad.
Este planteamiento marca una distancia con la etapa previa, en la que el PP intentó marcar diferencias con Vox desde posiciones centradas, con críticas públicas y distanciamientos. La dirección popular considera ahora que aquellos intentos no detuvieron el avance de Vox, sino que, en algunos casos, reforzaron su mensaje ante electores desencantados con el bipartidismo tradicional.
Anticipar una tendencia a nivel nacional
En el PP subrayan que la experiencia de Extremadura puede ser un indicador de tendencias a nivel nacional. La consolidación de Vox como fuerza parlamentaria con representación significativa no solo en Extremadura, sino en otras regiones, obliga a replantear la estrategia para las siguientes convocatorias, incluidas las municipales, autonómicas y, eventualmente, generales.
La conclusión interna es que el PP no puede prescindir de una parte del electorado que simpatiza con Vox, especialmente cuando los datos de voto conjunto exhiben un respaldo mayoritario a políticas de corte conservador y una clara desaprobación de las alternativas socialistas.
¿Cambio de relato o de fondo político?
El reconocimiento de Génova de que enfrentarse a Vox favorece a Vox representa, para muchos analistas, un cambio de relato político más que de fondo ideológico. El PP quiere evitar el estigma de discrepancia permanente con sus potenciales aliados naturales en la derecha, sin renunciar a sus señas de identidad ni a su posición como partido mayoritario.
Este ajuste estratégico también responde al contexto de volatilidad electoral que vive España, con un electorado fragmentado y exigente, y en el que las alianzas y los acuerdos puntuales pueden marcar la diferencia entre gobernar o permanecer en la oposición.
Hacia un nuevo ciclo electoral competitivo
Lo que está claro para el PP es que el nuevo ciclo electoral exige estrategia y pragmatismo. La victoria conjunta en Extremadura es para el partido una prueba de que el espacio de la derecha sigue siendo mayoritario si se interpreta y articula adecuadamente, y de que es necesario gestionar esa mayoría con una visión amplia y adaptada al panorama actual.
El PP asume así que en adelante no se puede perder tiempo en confrontaciones internas que benefician al competidor, sino que debe construir puentes y acuerdos tácticos que permitan consolidar gobiernos estables y reforzar su presencia en el mapa político nacional.



