Cierres en aeropuertos clave y miles de euros en sobrecostes

Más de 400 viajeros de Baleares siguen bloqueados en Oriente Medio, Asia y Oceanía por las restricciones del espacio aéreo en una región afectada por la guerra en Irán. Con aeropuertos de escala estratégicos como Doha o Abu Dabi bajo cierres y limitaciones, muchos no tienen forma realista de volver a casa.
El Govern balear ha habilitado un correo de contacto para los residentes atrapados en destinos turísticos y, por ahora, 139 personas se han puesto en contacto. El Ejecutivo también ha contactado con la Fundación +34 por si hay viajeros que necesiten medicación y asegura coordinación con el secretario de Estado de Asuntos Exteriores.
Vuelos cancelados, riesgo en destino y alternativas prohibitivas
Uno de los casos es el de Victòria Tur, que llegó con su familia a Dubái el día antes de que estallara la guerra. Desde entonces, describen una escena inquietante: según Max Van De Voorde, pareja de Tur, ven misiles sobrevolar y asegura que ‘los interceptan y a veces algún fragmento impacta en Dubái’. Su vuelo no saldría hasta el 12 de marzo. Han buscado rutas alternativas, pero terminan cancelándose. ‘Son miles de euros’, resume Tur.
El golpe económico es directo. Una viajera, Mar, y otras 14 mallorquinas que viajaban con paquete vacacional llevan 6 días sin poder regresar desde India. Denuncian que un vuelo alternativo puede costar 9 000 euros ‘y sin garantías de que puedas salir’. En su caso, esos gastos solo podrían reclamarse si están cubiertos por un paquete turístico.
Solo ha vuelto un centenar y la reubicación se atasca
De momento, apenas ha regresado un centenar de viajeros baleares. Pedro Fiol, presidente de la Asociación de Agencias de Viajes AVIVA, admite que la reubicación es ‘muy complicada’ por la saturación del espacio aéreo. Desde el sector recomiendan no cancelar el viaje inicial, ahora reprogramado, y esperar una fecha segura. También plantean, si es posible, comprar un billete alternativo por poco que se pueda.
ANÁLISIS: la letra pequeña de la ‘asistencia’ y el coste político
El episodio vuelve a poner sobre la mesa una realidad incómoda: cuando estalla una crisis internacional, el ciudadano se encuentra con una mezcla de burocracia, falta de capacidad operativa y costes desbocados que muchas veces recaen en el bolsillo del viajero. Que la principal respuesta inmediata sea un correo y la derivación a una fundación para casos de medicación refleja una asistencia que, para muchos, puede parecer más administrativa que resolutiva.
Además, el caso evidencia la fragilidad de depender de grandes hubs de conexión (como Doha o Abu Dabi) en un tablero geopolítico cada vez más volátil. Para miles de familias, la pregunta es simple: ¿quién asume la factura cuando la política internacional y el cierre del cielo convierten unas vacaciones en una trampa logística?



