
28 años después: El Templo de los Huesos, crítica
La saga se oscurece: menos infectados y más sectas humanas
Nia DaCosta toma el relevo para dirigir 28 años después: El templo de los huesos, una continuación que amplía el universo creado por Danny Boyle y Alex Garland, pero con un giro: aquí el peligro ya no viene tanto del virus como de lo que queda de la sociedad tras casi tres décadas de degradación.
En esta entrega, el Dr. Kelson (Ralph Fiennes) se ve envuelto en una nueva y sorprendente relación cuyas consecuencias podrían cambiar el mundo tal y como lo conocen. En paralelo, el encuentro de Spike (Alfie Williams) con Jimmy Crystal (Jack O’Connell) se convierte en una pesadilla de la que no puede escapar.
El mensaje incómodo: cuando la supervivencia se convierte en ideología
El mundo de El templo de los huesos plantea una idea tan simple como incómoda: los infectados ya no son la mayor amenaza. Lo verdaderamente aterrador es la inhumanidad de los supervivientes, convertida en norma, y la aparición de una extraña secta de delincuentes que recuerda a una mítica película de Kubrick.
La película se presenta como una continuación más oscura que sus predecesoras. A diferencia del impacto inmediato del apocalipsis en entregas anteriores, esta historia se centra en las consecuencias a largo plazo de una sociedad que ha vivido bajo la sombra del virus y de la violencia que desató: desconfianza, tribalismo y el paso de la supervivencia a la obediencia a nuevos poderes.
Opinión en vídeo y el gancho hacia la tercera entrega
En un nuevo vídeo del canal @LDCultura, Juanma González comparte su opinión sobre la película y señala algunos elementos que la distinguen de las anteriores, impulsados por la nueva directora.
Además, el metraje incluye un par de sorpresas que precipitan la saga hacia su tercera entrega, en la que, según se anticipa, se recuperará el protagonismo de un personaje sobradamente conocido dentro de la franquicia.



